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EDITORIAL. Ciudadanos y Podemos dentro del laberinto democrático

EDITORIAL. Ciudadanos y Podemos dentro del laberinto democrático

Ya se decía por el mes de abril, antes de la elecciones del 24M, que a Podemos “le molestaba o le sobraban las municipales y autonómicas”. Lo mismo podríamos decir de Ciudadanos. El primero, porque sus aspiraciones son las de conseguir un resultado en las generales de noviembre con una mayoría quasi absoluta o absoluta -harto difícil- que le permitiera gobernar cómodamente. El segundo, porque el discurso con el que nacieron en Cataluña no es exportable al resto de España y por tanto, necesitan presentarse como una suerte de UCD, una fuerza centrada, que acoge lo mejor de la derecha y de la izquierda como les gusta aseverar, y que recoja el desencanto del votante popular, sin desdeñar votantes socialistas. Pero ambos están teniendo que bajar al barro, al cuerpo a cuerpo, a participar en el gobierno de municipios y autonomías.

Podemos, con toda la crítica y la inclusión de sus propuestas en la acción de gobierno que se quiera, va a aupar a presidentes del PSOE en Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en Castilla la Mancha, Jesús Fernández Vaquero, y en la Generalitat valenciana a Ximo Puig. Por su parte, Ciudadanos ha apoyado la investidura de Susana Díaz en Andalucía y a Cristina Cifuentes en CA de Madrid. La ubicación política inicial de Podemos, a la izquierda del PSOE, e incluso de Izquierda Unida, y a pesar de que Pablo Iglesias se empeña en homologarla cada día más con una socialdemocracia europea al uso -y solo hay que atender a cómo, a la salida de la reunión de ayer con Alberto Garzón, insistía en que no concurrirán juntos a las generales-, sabe que muchos votantes son robados o prestados de los socialistas y no tienen otra salida que entenderse con los que no hace mucho llamaban “casta”.

En este sentido, Ciudadanos, ha sido más hábil. Como decimos, sitúa una socialista en Andalucía y una popular en Madrid. Este hecho genera la visualización de los de Albert Rivera en una calculada equidistancia entre el PP y el PSOE, y además, pueden esgrimir que no solo han conseguido incluir planteamientos propios en los ejecutivos de Díaz o Cifuentes, también han cambiado estos partidos al hacer dimitir pesos pesados de los socialistas en Andalucía o modificar la elección de candidatos por primarias en el caso del PP madrileño. Otra cosa es la política valenciana. Aquí, la verdad, y a pesar de sus bueneos resultados, no les llega para cogobernar o sustentar gobiernos de PP o PSPV-PSOE, posiblemente por el invitado a la fiesta que nadie esperaba: Compromís. La animadversión demostrada hacia los de Oltra-Morera, expedientando a diestro y siniestro a cada concejal que se le ha ocurrido entrar en contacto con los nacionalistas -¡ni que fueran apestados!- se ha saldado con las correspondientes expulsiones del partido. De hecho, esta manía tan poco democrática, les hace cometer errores de bulto, como el propio Rivera el pasado lunes acusando a Joan Ribó de quitar la bandera española del mástil de la Marina real del Cap i casal. Pero se les debería pasar pronto este sarampión. Lo normal sería que Compromís consolidara sus resultados e incluso, creciera, que están aquí para quedarse, vaya, y si tan criticable es el lamentable para la política “cordón sanitario” que algunos partidos propugnan para el PP, igual de malsano sería que Ciudadanos siguiera esa senda con los nacionalistas. Ahora les queda demostrar que además de humanos, también son sabios.

 

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