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El sueño de una noche de verano

El sueño de una noche de verano

Ni Shakespeare con su gran comedia, ni Mendelsshon con su obertura, ni Britten con su ópera pudieron describir mejor la escenificación de ese sueño añorado por la izquierda en general y por el President Puig en particular. La travesía del desierto que inició el todo poderoso PSPV-PSOE en el año 95 tras perder su hegemonía desde 1982, finalizaba ayer con la consumación del tripartito en el poder. Un domingo, víspera de San Pedro y San Pablo y 308 años después de los fatídicos Decretos de Nueva Planta, el totalitarismo ideológico volvía por estos fueros para consumar una victoria a la que la izquierda da tintes épicos. La masa populista ha relegado a una ciudadanía atónita ante los efectos del cálculo electoral, distorsionando aún más nuestra incipiente y débil cultura política.

Un sueño que nos retrotrae en el tiempo, situando al PP en sus inicios políticos en Coalición Popular, allá por el 83, con 32 diputados, o los 31 de 1991. De ahí las voces que apelan a una refundación. Un sueño del que el PSOE no quiere despertarse, pues logra la presidencia de la Generalitat con tan solo 23 diputados. Lerma la perdió con 32 y 300.000 votos más. Una fragilidad institucional que los socialistas han querido soslayar con una escenificación calculada del gran poder conseguido. Los números están ahí, pero la operación ha socavado su credibilidad al venderse al mejor postor. El cálculo electoral les ha podido, y la política de pactos, si bien les ha proporcionado relevancia institucional, también ha dejado de manifiesto su dependencia de esa otra izquierda que busca fagocitarlos. Es el abrazo del oso, arrojarse en brazos del populismo que busca el renacimiento de un marxismo al que el PSOE renunció en Suresnes. Un cálculo peligroso para el partido que más tiempo ha gobernado en este país. Por eso, ¿entenderán los votantes del PSOE que las prioridades políticas vengan marcadas por Podemos y Compromís, dejando en mera comparsa la participación del PSOE en el Consell, dejando de lado su programa y, sobre todo, sus principios? La pinza puede ser mortal. De ahí que cada vez sean más las voces de socialistas como Leguina, que no entienden a una izquierda que quiere ganar ahora una guerra perdida en 1939 y que cree que desde 1975 en España no ha pasado nada bueno.

La deriva del socialismo es preocupante, aquí en la Comunitat, y en toda España. El populismo radical está laminando a la socialdemocracia y la pérdida de referentes en Europa es sintomática. La última Dinamarca, que viene a constatar la deriva de una izquierda cuyo mayor exponente es Grecia. Sus políticas tras décadas de poder del Pasok, ahora irrelevante en el nuevo escenario político griego, han degenerado hasta la situación actual. La crisis ha volatilizado el sueño socialdemócrata del aumento continuo del gasto público y las propuestas keynesianas están siendo superadas por las tesis estalinistas de la economía planificada. Todo muy transversal y participativo, pero a un coste que el ciudadano todavía no alcanza a visualizar gracias a una efectividad mediática propia de la Teoría de dos pasos de Lazarsfeld y Katz.

Por el bien de esta sociedad, esperemos que solo estemos ante el sueño de una sola noche, pero mucho me temo que no. Esa debilidad de los socialistas puede alimentar el ciclo expansivo del neocomunismo  populista. La demagogia imperante se ha convertido en el nuevo opio del pueblo, para sumirlo en un profundo sueño de consecuencias impredecibles. Por ello es tan importante la firmeza del Partido Popular. Nos estamos jugando el futuro, más allá de las luchas de poder entre las formaciones políticas. Porque las personas están por encima de la ideología. De ahí la responsabilidad de la primera fuerza política de este país, pues visto lo visto, es la única que garantiza la estabilidad, la seguridad, la continuación de la recuperación económica y la confianza en el futuro. Que sólo sea un mal sueño.

Juanvi Pérez Aras

 

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